Origenes del Voluntariado
El Voluntariado nació en la Argentina, como una manifestación del más puro paternalismo material y cultural, donde aquellas personas que podían – es decir que tenían buena posición, educación, solvencia económica , tiempo libre y sobre todo muy buen corazón- se ocupaban de dar algo a aquellos que nada tenían, todo lo necesitaban. Era un Voluntariado de “arriba hacia abajo”, donde la reciprocidad no era moneda corriente, excepto como manifestación de gratitud.
Este paradigma marcó nuestro Voluntariado durante muchísimo tiempo.
Junto con esta idea, hubo otra que la acompañó desde un ángulo diferente pero del todo crucial, ya que constituyó un pilar en la identidad del Voluntariado. Esa idea decía: el Voluntario debe darlo todo; sin recibir nada a cambio. Este pensamiento posicionó rápidamente al Voluntariado como algo necesariamente puro, como la práctica de un sacerdocio, en el cual resulta entonces impensable no sólo imaginar una retribución económica, sino mencionar que el Voluntario podía disfrutar tanto del Voluntariado como de cualquier otra práctica placentera, o recibir a cambio satisfacciones tan grandes como las que daba.
El silencio fue siempre un elemento madre en la historia del Voluntariado en la Argentina: había que dar, había que hacer, había que servir… mas no había que contarlo.
Pero lo inexorable del tiempo y lo político de las relaciones humanas, dinamizaron estos paradigmas con el combustible del debate y el motor de la contradicción; y así en esta última mitad del siglo pasado (el XX), varios fueron los cambios.
En principio, el Voluntario comenzó a recuperar su derecho a recibir.
Esta ganancia, esta aceptación del placer blanqueó de alguna manera el disfrute de ser Voluntario y colocó esta actividad en el listado de lo que puede hacerse no sólo por sacerdocio; sino también por placer.
¡Se puede hablar entonces de una alegría de ser Voluntario, de una regla que dice que lo único que un Voluntario no puede recibir a cambio es dinero, pero todo lo demás está permitido!
Esto, compatibilizado con la responsabilidad de ser un buen voluntario, le cambió virtualmente el rostro al Voluntariado. Hace relativamente poco tiempo, el Voluntariado fue redescubierto en la principal de sus ideas: si antes se valoraba al Voluntariado por el bien que este le hacía a la sociedad; ahora se descubrió que también es valioso el Voluntariado por el bien que este les hace… a los propios Voluntarios!!
Así, en el camino de su evolución, el Voluntariado moderno se encontró frente a una paradoja: para poder avanzar debía dejar atrás una certeza y aceptar convivir con una contradicción. En efecto, en el Voluntariado antiguo había una certeza: para ser Voluntario había que estar preparado; no cualquiera podía serlo ya que era necesario – como se dijo- posición, cultura, algo de status y sobre todo estar en situación de “disponibilidad” y no de “necesidad”.
Hoy en día, el Voluntariado moderno convive con ésta, su contradicción inherente; en un extremo: para ser Voluntario sólo hacen falta dos cosas: tiempo y ganas.
Con ellas, cualquiera puede ser Voluntario; sea rico, pobre, analfabeto, marginal o universitario.
Este mensaje es ideológicamente muy fuerte, porque coloca las condiciones para ser Voluntario al alcance de todos y elimina para siempre al Voluntario Modelo, diluyéndolo en la más absoluta diversidad de rostros, habilidades, procedencias y saberes, sólo ligado a estos dos factores unificadores: tiempo y ganas.
En el otro extremo, esta contradicción se manifiesta también plena: Cuidado; cualquiera puede ser Voluntario, pero NO cualquiera es de por sí un buen Voluntario: ser un buen voluntario es cada vez más difícil ya que el voluntario está cada vez más exigido, cada vez más urgido por respuestas precisas y seguras; cada vez más necesitado de una permanente capacitación, cada vez mas actualizado, cada vez más comprometido.
Los desafíos del voluntariado es por un lado, aumentar desde ya la Comunicación de lo mucho que el voluntariado hace en silencio por la sociedad, es fundamental entrar en oídos nuevos, en aquellos ámbitos distantes: en el ámbito empresarial, en la política, en los negocios, en la educación, en el arte, en el espectáculo, en los adolescentes, en los pueblos, en la gente de campo…que todos oigan de que se trata…
Posicionar ideológicamente al Voluntariado es todavía un desafió mayor. Eso puede lograrse desde la diversidad, ya que el Voluntariado nace y vive necesariamente diverso; todas las fórmulas valen si son respetuosas de la dignidad y del crecimiento mutuo de las personas; no hay un Voluntariado mejor que otro, sino muchos, porque la homogeneidad es su debilidad; y las diferencias su fortaleza; y por otro mostrar a quienes lo miran como salvavidas social o herramienta partidaria, que el Voluntariado no está para resolver problemas sociales porque el Voluntariado NO nació como respuesta. Su existencia no está ligada a la resolución de los males sociales, sino a esa irrefrenable necesidad que tenemos los que nos llamamos humanos de comunicarnos, de compartir, de ayudar, de tocar, de hacer… en fin, de Ser con el Otro, ese otro que –sin dudas – es mi otro yo.
Prof. Oscar García
Buenos Aires, Argentina
Mayo 28th, 2009 at 17:03
muy lindo!!! con mucha verdad!!!! y si! el voluntariado nos exige mucho pero mucho, amor, a ser tolerante, paciente,compañero,democratico,responsable,humilde pero nos da mas de lo q nos exige, amor, esperanza, fortaleza sabiduria, amigos, y lo mas importante q nos da este voluntariado es la hermosa sonrisa de nuestros niños llena de amor y pureza
Mayo 29th, 2009 at 22:56
muy bueno!!!!los felicito por publicar este articulo.
aprovecho y doy un aviso chiquito: el domingo convivencia, no se suspende por lluvia, a menos que llueva mucho jajaja
Junio 4th, 2009 at 11:17
Muy buen articuloo chicoos! Re lindo la verdad!
Y creoo que dicee una grann verdadd!! Lo mas bello de de esto que hacemoss es loo que se recibee!!! El amor y las sonrisas que te regalan cadaa diaa!!
Besitoss:D:D
Adriana…